Las mujeres que comparten públicamente testimonios de violencias sexuales se enfrentan a represalias que pueden derivar hasta en un proceso judicial por cometer un delito contra el honor.
“La lucha colectiva en la que confluyen las mujeres migradas supone la principal herramienta para afrontar las distintas situaciones de coacción y hostigamiento que atraviesan”, analiza la autora.



