La ciencia económica enseña que la mayor parte de los bienes disponibles son limitados y escasos. Las riquezas, el poder o la fama están al alcance de una minoría. Existe, sin embargo, una insólita excepción, un don que cada habitante del planeta posee a raudales: el sentido común.
Todos soñamos con abolir las complejidades de la vida. Desearíamos encontrar soluciones milagrosas para cada problema.
Antígona es no solo la imagen del cuidado sino de la rebelde e insumisa frente al poder.
Debemos a Aristóteles la noción de que todos los seres humanos somos políticos y, por tanto, solidarios.
Viajar no es difícil, lo difícil es atreverse a habitar la extrañeza. Visitamos países y paisajes, calles y templos, construcciones sostenidas por un andamiaje de conceptos y una urdimbre de deseos: en todo lo que miramos anidan símbolos. No basta pasear los lugares, hay que pensarlos
En las cambiantes fortunas del tiempo, con sus quiebras, devaluaciones y pérdidas, lo que hemos dado de nosotros mismos a los demás resultará ser la más segura de nuestras inversiones.



