Cada vez que en Chile resuenan cánticos de manifestaciones contra el genocidio en Gaza, Valentina Beas desfila con sus compañeras por las calles de Santiago, con el rostro pintado de blanco y al ritmo de la danza japonesa Butoh, lento y repetitivo, emulando –dice a Efeminista– “el dolor de una madre que pierde a su hijo”.



