En la dicotomía entre ser cuidadas en la vejez por amor o por dinero –o incluso por robots–, se olvida el mayor cuidado de todos: sentirnos queridas. Ni quien lo hace por obligación familiar, ni por dinero ni por programación tiene por qué querer. Un modelo frío y estándar de cuidados que se base en la independencia radical convertiría el mundo en una suma de soledades.

Julienne Baseke, Caddy Azduba y Émilie Katondolo, defensoras de los derechos humanos de República Democrática del Congo, se han visto forzadas a dejar su país por motivos de seguridad en los últimos días, tras la toma de la ciudad de Goma por parte del grupo armado M23. El país vive un punto álgido de un conflicto por el control de sus recursos naturales que dura ya más de dos décadas