¿Cómo hacemos deseable lo que parece imposible pero es manifiestamente inevitable? Ese es el debate clave. Pero sólo podrá darse cuando se acepte que no hay otra opción y por fin superemos la fase de hacer visible al elefante negro en la habitación que está a centímetros de aplastarnos.

Poder conversar –aunque sea digitalmente– con una intelectual del calibre de Amelia Valcárcel (Madrid, 1950) es una fortuna. Defensora a ultranza de los derechos proclamados por las constituciones liberales, catedrática de Filosofía Moral y Política y miembro del Consejo de Estado; Valcárcel también es Patrona del Museo del Prado y, en 2015, fue incluida en la lista de los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes elaborada por Esglobal de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior.

Despreciar los cuidados solo porque están asociados a las mujeres para minusvalorarlos como síntoma de debilidad y ponerlos de antagonistas al sindicalismo forma parte de la peor doctrina de la izquierda dogmática

Los servicios de Medicina de Urgencias y Emergencias son el sostén del sistema sanitario nacional y la principal vía de acceso al mismo. Sus profesionales, sin embargo, reclaman que se les equipare en cuanto a reconocimiento, niveles de formación y situación laboral al resto de especialidades médicas para acabar con la precariedad que lleva décadas asolándoles.

Yo nací en Alcalá de Henares, pero de adolescente tenía “prohibido” ir a las fiestas locales. Cuestiones de admisión tácita: allí habitan o dominan los nazis, y el miedo a una paliza —o a la muerte— puede ser superior a las ganas de vivir