Ya es hora de que comprendamos que ni nuestros valores ni nuestros intereses coinciden en estos momentos con los del Estado sionista de Israel. Y que de nada sirve condenar ahora a Hamas si no condenamos ayer, y hoy, y mañana, la ocupación israelí y todos sus crímenes.

Las lecciones de moralidad deben darse desde el ejemplo y no desde la arenga, sobre todo si con ello se interfiere un desarrollo democrático nada fácil como en el que nos hallamos.

Que se debata sobre una amnistía no es una impugnación de la Transición, sino la recuperación de su espíritu. Cualquier medida que se acuerde para “pasar página” será un paso adelante en la recuperación de un espíritu integrador