Cuando Matilde Padín decidió operarse para elevarse los pechos la recibió una comercial, no un cirujano. “Quedamos, me hizo el dibujo de cómo iba a quedar y me pidió las nóminas para financiar la cirugía. Lo primero es venderte el producto. Las pacientes somos dinero. Lo que vino después, ay, si lo hubiera sabido…”, dice esta murciana de 48 años que lleva meses a la espera del juicio contra la clínica que la intervino en 2017. Ocho años después, uno de sus pechos se sostiene gracias a una malla de titanio que le colocaron en la sanidad pública tras siete operaciones privadas con “resultados desastrosos”, recoge la demanda a la que ha tenido acceso elDiario.es.

Que la cirugía estética es un negocio que se expande a ritmo de vértigo en España es un hecho. En 2021 se registraron 204.510 operaciones, un 215% más que en 2013, según los datos más actualizados que tiene la Sociedad Española de Cirugía Estética, Plástica y Reparadora (Secpre). Sin embargo, en los últimos años ha germinado un consenso cada vez más sólido entre colegios de médicos, sociedades científicas y autoridades sanitarias sobre el descontrol en el que está sumido el sector y que ha dado soporte a ese crecimiento. En el cóctel que explica cómo se ha llegado hasta aquí se mezclan el afán de beneficio, regulaciones sanitarias con lagunas que favorecen el intrusismo y una sociedad obsesionada por el aspecto físico.

“El sector se ha convertido en una jungla. Abre clínicas quien quiere, meten a cualquiera y hacen una publicidad agresiva y falsa con precios que no cubren los costes”. Es el panorama profesional que pinta Isabel de Benito, presidenta de Secpre, al otro lado del teléfono. La sociedad médica lleva años pidiendo un cambio en la legislación porque “una cosa es lo que la ley permite y otra la capacitación para abordar una patología concreta”. Según un real decreto de 2003, en España pueden hacer cirugía plástica todos los cirujanos especialistas, pero también cualquier “otro especialista quirúrgico en el ámbito de su especialidad”.

“A mi hermana le operó un cirujano cardiovascular que nunca había hecho una lipoescultura (extraer grasa del abdomen para transferirla a los glúteos)”, recuerda Rubén, hermano de Sara Gómez, una mujer que falleció por los daños que le generó la intervención, tras un mes en la UCI. Su caso empujó una proposición no de ley (PNL) aprobada en el Congreso en 2022 que instaba al Gobierno a “asegurar que todas las actividades sanitarias sean realizadas por profesionales médicos que dispongan de una titulación oficialmente reconocida”. Muchas de las especialidades son médico-quirúrgicas: oftalmología, otorrinolaringología, urología, ginecología o traumatología, contextualizan desde Secpre.

“Poner coto” al sector

Hace unas semanas, la ministra de Sanidad, Mónica García, anunció que “quería poner coto” al sector para que “no cualquier médico pueda ejercer de esteticista”. “Al final quienes lo pagan son los pacientes”, dijo García. El cambio que quiere hacer Sanidad clarifica que estas cirugías solo pueden ser hechas por especialistas, en plástica o no, que tengan las competencias dentro de sus programas oficiales formativos, según revela el proyecto de reforma que salió este viernes a consulta pública.

“Diferentes reivindicaciones sociales y sanitarias han venido reclamando modificaciones normativas en aras de conseguir un mayor control en el desarrollo de esta actividad asistencial con la garantía de que sea ejercida por profesionales con las competencias y titulaciones adecuadas”, alega el Ministerio.

También se creará un “registro de centros de cirugía estética y de profesionales”, de manera que el paciente “pueda comprobar qué tipo de titulación tienen las personas que le van a atender”, responde una portavoz de Sanidad a este medio. El compromiso es que el primer borrador esté listo a mediados de verano y los cambios queden aprobados a final de 2024.

“Para nosotros sería un logro enorme. Va a traer orden, sentido común y, sobre todo salvar vidas”, afirma Rubén Gómez. Hace diez años, la Sociedad Española de Cirugía Plástica estimó que 9.000 médicos realizaban intervenciones estéticas sin ser especialistas, es decir, sin haber hecho la formación MIR de cinco años.

Siete de cada diez centros estéticos en España reconocen que “ha sido necesario reducir costes para poder competir”, según la última memoria de la Secpre. El 82% tiene la percepción de que el “intrusismo ha aumentado”. Muchos sitúan la eclosión de la cirugía low cost con el fenómeno Corporación Dermoestética, una compañía española muy afamada que terminó liquidándose en 2016 con una cascada de reclamaciones y despidos. “No es un procedimiento que pueda hacerse a bajo coste, es mala idea ahorrar en seguridad para el paciente si todo el mundo quiere su parte del pastel”, critica Isabel de Benito.

Diez intervenciones en tres años

“La primera vez que me operaron me dejaron dos ubres con el pezón descolgado”, asegura Matilde, que pidió volver a ser intervenida unos meses después de la primera cirugía que le realizaron en una clínica de la cadena Dorsia en Cartagena. Era diciembre de 2017. A partir de ahí comenzaron los problemas. Según recoge la demanda, pasados cinco meses de la segunda intervención el pecho derecho de Matilde presentaba una contractura que no remitía con ningún tratamiento y la clínica decidió que volviera a pasar por quirófano.

La herida resultante de la cirugía no terminó de cerrar. “Tras la tercera intervención comenzó con problemas de cicatrización y se requirieron cinco intervenciones más por parte del facultativo para reparar el daño”, dice el dictamen médico pericial que aporta la demandante y que ha podido consultar este medio. Entre las complicaciones se enumeran: “exposición y desplazamiento del implante, infección y dehiscencia (o apertura) de la herida”.

“Los puntos que van debajo del pecho se abrían y reabrían hasta que me reventó y salió un líquido marrón”, cuenta Padín, que acudió hace unas semanas a la valoración de la discapacidad. Tiene la movilidad limitada en el brazo derecho –“dificultad para la carga y la fuerza del miembro superior derecho”, escribe el perito– y un pecho mucho más duro que el otro. “Cuando hago un esfuerzo se me infla todo como un balón de fútbol, no puedo dormir de lado ni coger peso”, describe. Pagó casi 3.000 euros por la cirugía inicial, aunque el dinero le fue finalmente devuelto por la clínica, según la demanda.

Padín pide a la compañía, que tiene 160 clínicas por toda España, una indemnización de 95.000 euros. Según queda recogido en la demanda, terminó acudiendo a la sanidad pública. Esta fase coincidió con el periodo de confinamiento de 2020. El juicio por la vía de lo civil ha sido aplazado en varias ocasiones. La última vista estaba programada para el 31 de mayo y se ha desplazado a noviembre. elDiario.es ha intentado recabar la versión de Dorsia sin recibir respuesta.

Las cirugías de mama por cuestión estética –sobre todo aumentos– siguen siendo las más frecuentes dentro de las intervenciones que se practican en España: supusieron más de la mitad del total en 2021, según el informe La realidad de la cirugía estética en España (Secpre). Le siguen las blefaroplastias, las cirugías de párpados (10,7%); y las liposucciones (10,5%). La asociación El Defensor del Paciente recibió 286 denuncias por “resultado insatisfactorio” de intervenciones de cirugía estética en 2023 de un total de 12.071 casos.

El Colegio de Médicos de Madrid envió un comunicado a finales de abril que va más allá: pedía a los colegiados que “tengan constancia de que personal no médico está realizando actos propios de la profesión lo comuniquen” a la organización. “Conforme ha sido corroborado por parte del propio Tribunal Supremo, el ámbito de la medicina estética corresponde a la profesión médica y nunca a otros profesionales, sean sanitarios o no, con la única excepción de los odontólogos para tratamientos en el área de la boca y maxilares”, decía el mensaje enviado a los profesionales.

Detenidos y una clínica cerrada

Stephanie Vásquez contrató en 2022 una operación de pecho. Todo salió bien, hasta que unos días después de la intervención empezó empezó a tener “sensación de ahogo” y a notar que le “destilaba un líquido por los cortes”, según recoge en su declaración ante un juzgado de Córdoba hace unas semanas. En la clínica le quitaron importancia “pese a que el pecho tenía un color raro y comenzaba a supurar”, sostiene Vásquez en conversación con este medio.

“Me recomendaron unos parches de miel de panal. Me quedé atónita, pensaba que me recetarían antibiótico. Seguí empeorando hasta que decidí ir a urgencias del centro de salud. Me enviaron al hospital porque el pecho estaba infectado y entré en pánico”, relata. Tras este episodio fue a la clínica a hacerse curas; en una de ellas, le “cortaron la mitad del pezón”, declaró la denunciante ante el juez. Seis meses después de su cirugía, en marzo de 2023, detuvieron a dos médicos y a la directora de la clínica Nikki Reina, donde fue intervenida. Las tres personas, acusadas de lesiones, quedaron posteriormente en libertad, según publicó la Cadena Ser. Unas semanas después se publicaba el cierre del centro.

Stephanie eligió esa clínica –cuyo número de contacto ya no está disponible, según ha comprobado este medio al intentar ponerse en contacto– porque “tenía una reputación impecable en internet” y había operado antes a una amiga suya. La intervención le costó 7.000 euros. “Estaba en un estado ansioso, me sentía muy vulnerable por dónde me había metido. Nunca pensé que correría peligro y hoy me creo con suerte de no haber muerto”, dice la afectada, que asegura que dos años después de su intervención tiene secuelas físicas –el pecho está “desfigurado”– y psicológicas. El procedimiento judicial todavía está en una fase incipiente.

No existen datos sobre la facturación específica de las clínicas de cirugía estética, pero sí de los centros autorizados para ejercer la medicina estética, que incluye también tratamientos menos invasivos, como el bótox. La facturación de 6.305 clínicas en 2021 superó los 3.500 millones de euros, según la Sociedad Española de Medicina Estética. “En los próximos años, el crecimiento vendrá dado sobre todo por los tratamientos faciales, que representan el 69% de la facturación, y se espera que su facturación crezca en torno al 26%”, dice el documento. El ascenso se explica con el siguiente dato, que aporta la misma sociedad médica: el 46,6% de las personas en España se realizó algún tratamiento estético en 2023 (un 69% de mujeres, 31% de hombres).

Artículo publicado en elDiario.es el 30-06-2024