El pasado jueves a media tarde, sobre las 17.30 horas, las llamas que salían de un balcón de la octava planta de un edificio de 14 alturas llamaban la atención de los viandantes que pasaban por las calles del Maestro Rodrigo y General Avilés en el barrio de Campanar, en la ciudad de València. El fuego evolucionaba rápidamente hasta convertir el edificio, construido por la firma Fbex en plena burbuja inmobiliaria, en una enorme antorcha que ha dejado una decena víctimas mortales y varios heridos.

El inmueble, formado por dos edificios contiguos de 14 y 10 alturas y con 138 viviendas, estaba ubicado en el pujante barrio de Nou Campanar y contaba con “máxima calidad en materiales de construcción con unas modernas instalaciones, acabados y equipamientos”; pero su fachada estaba revestida de un material muy inflamable que facilitó una rápida combustión. Su construcción comenzó en 2005 y sus viviendas se vendían a unos precios desorbitados, más de 600.000 euros, muy por encima de los que se pagaban en la zona por viviendas similares: 360.000 euros. Finalmente, pasada la crisis inmobiliaria, se acabaron vendiendo por alrededor de 300.000 euros y muchos de aquellos pisos salieron al mercado en régimen de alquiler a mediados de la década pasada.

En Nou Campanar, ampliación del histórico barrio valenciano de Campanar, se encuentran grandes edificios residenciales con amplias zonas comunitarias equipadas, en muchos casos, con piscina y otro tipo de dotaciones deportivas y sociales.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística en relación a la renta de 2021, en la zona de Maestro Rodrigo-General Avilés (la estadística no tiene necesariamente que coincidir con la situación de los vecinos que vivían en el inmueble de Fbex, muchos de ellos en régimen de alquiler), la renta media de sus habitantes se sitúa por encima de los 63.000 euros por hogar, lo que les coloca entre el 7% de la población más rica de España.

Además, esa zona de Campanar reúne a residentes con poder adquisitivo alto de València (siempre hablando en términos de renta media), por detrás de Sant Francesc y el Pla del Remei -en el centro de la ciudad-, y el Pla del Real y algunos otros barrios situados junto al antiguo cauce del Túria, como puede ser la avenida de Francia, según se desprende de los datos extraídos del reportaje publicado en elDiario.es ‘Barrio rico, barrio pobre: el nuevo mapa de la renta en España, calle a calle’. Este trabajo explica que en España existen unos 460 vecindarios con rentas medias por hogar superiores a los 100.000 euros, mientras en 326 no se superan los 20.000. Las rentas superiores a 60.000 euros se sitúan entre el 10% más rico del país.

Además, en la zona de Maestro Rodrigo-General Avilés nos encontramos con alrededor del 55% de sus habitantes ocupados y cerca de un 16% de pensionistas; entre el 8% y el 10% son estudiantes; del 14% y al 16% es población inactiva (gente que no estudia ni trabaja, rentistas, que perciben alguna pensión no contributiva…); y apenas entre el 5% y el 9% son desempleados.

Estos datos corresponden al reportaje ‘Cómo tu ocupación influye en dónde vives: el mapa de los empleados, pensionistas y estudiantes, calle a calle’, publicado en elDiario.es en base a los datos del INE y en el que se recoge que si 100 personas representaran a todos los mayores de quince años que viven en España, aproximadamente 46 estarían trabajando y dados de alta en la Seguridad Social, 9 estarían apuntados al paro, 19 estarían cobrando una pensión de jubilación o invalidez permanente, 7 estarían estudiando en la universidad, el bachillerato o cursos de formación profesional y los 18 restantes estarían sin estudiar ni trabajar, viviendo de las rentas o como empleados en la economía sumergida.

Un barrio que evoluciona alrededor de una falla

El barrio constituye la ampliación del histórico barrio de Campanar (absorbido por el crecimiento de la ciudad de València a finales del siglo XIX), una ampliación impulsada en época de la popular Rita Barberá como alcaldesa y desarrollada al calor del ‘boom’ inmobiliario de principios de este siglo.

Una centuria después de su anexión a València en 1896, un grupo de promotores presentaron en el Ayuntamiento que gobernaba el PP de Barberá una serie de planes urbanísticos que debían suponer la ampliación de la trama urbana a costa de lo que quedaba de huerta. Apenas un lustro más tarde vería la luz un proyecto que llamó la atención sobre la zona, la falla de ‘Nou Campanar’, impulsada por el constructor Juan Armiñana (que llegó a construir 1.500 viviendas en el barrio).

Entre 2004 y 2009 -e incluso entrada la década de 2010- la comisión que presidía Armiñana dominó la sección especial de las Fallas de València con unos espectaculares y cuasi millonarios monumentos (la falla de Nou Campanar de 2009 tuvo un presupuesto de 900.000 euros; la segunda más cara, Convento Jerusalén-Matemático Marzal, 450.000), una ostentación nunca vista hasta la fecha que convertía a la comisión en el principal foco de la fiesta, al obtener un triunfo tras otro en la máxima categoría fallera. La falla aguantó algo más que el mercado inmobiliario, pero acabó desapareciendo en 2016.

Tal era el atractivo que suponía la falla, que cada mes de marzo eran miles y miles de personas las que se acercaban al barrio -alejado del centro, al oeste de la ciudad, pero muy bien comunicado-, anexo a la vecina localidad de Mislata, para conocer de primera mano el espectacular monumento que allí se plantaba. En este mismo barrio se instaló otro de los atractivos turísticos de València, Bioparc, un parque zoológico moderno en el que los animales salvajes y exóticos (sobre todo, de origen africano) no están enjaulados, sino que disfrutan de amplias parcelas; y se recuperaron pulmones verdes como el jardín del Túria o el Parque de Cabecera. También en esa área, aunque en el vecino barrio de Benicalap, encontramos otro de los que debían ser grandes emblemas de la ciudad, el inacabado Nou Mestalla.

De este modo, en una zona de reciente creación, el auge del ladrillo impulsó el crecimiento rapidísimo de un barrio plagado de “viviendas privilegiadas”, como se anunciaba la siniestrada promoción de Fbex. El incendio del inmueble, mucho más dramáticamente que la decadencia de la falla, simboliza en una tragedia el final de una época.

Artículo publicado en elDiario.es el 24-02-2024