Es posible que si le dices a la gente que tienes cita para hacer el testamento vital te respondan con frases del tipo “déjame algo, jaja”. Que lo dicen de broma, sí, pero si cuela, cuela. Qué te voy a dejar, alma de cántaro. La anécdota, basada en hechos reales, da cuenta del desconocimiento generalizado sobre lo que también se llama Documento de Voluntades Anticipadas (DVA), o de instrucciones previas, que no es otra cosa que dejar por escrito los tratamientos médicos que quieres recibir o dejar de recibir al final de tus días, por si llega el momento y la enfermedad te impide expresarlos de viva voz. Es decir, un documento para asegurarte de que te vas a morir como te dé la gana y para liberar de decisiones difíciles y posibles discusiones a tus seres queridos.
La forma más sencilla de hacerlo, que además es gratuita, es solicitar en tu centro de salud la documentación pertinente y, simplemente, seguir las instrucciones. Fácil, no tan rápido, y tampoco para toda la familia. No tan rápido porque depende en gran medida de los esfuerzos que cada Gobierno autonómico esté haciendo al respecto. De hecho, en los centros de salud de algunas comunidades autónomas pueden no tener ni idea. En enero de 2025, la media en el Estado español era de 11,56 registros por cada mil habitantes. Las comunidades a la cabeza son Navarra, País Vasco y La Rioja, con 32, 27 y 20 registros respectivamente por cada mil habitantes. A la cola, Ceuta y Melilla, Extremadura y Murcia, con 2, 3 y 4.
No es para toda la familia porque es condición sine qua non ser mayor de edad. La realidad es que, si decides registrar tus voluntades anticipadas y tienes menos de 50 años, sentirás, probablemente, que hay unas cuantas miradas preguntándose qué hace una chica como tú en un sitio como este. El 88 por ciento de las personas que habían registrado su testamento vital en enero de 2025 tenían más de 51 años, según los datos del Ministerio de Sanidad. El 62 por ciento, más de 65. Es un dato que parece lógico, teniendo en cuenta que la muerte no es precisamente el tema de conversación favorito de las sobremesas. Absurdamente, evitamos hablar de la única cosa que tenemos asegurada en la vida: su fin.
En general, cada persona puede redactar su propio texto, aunque en algunas comunidades son textos cerrados, pero lo cierto es que los documentos orientativos que facilitan tanto la sanidad pública como las asociaciones de muerte digna recogen más supuestos de los que la mayoría hemos llegado a contemplar, si es que en algún momento hemos reflexionado sobre nuestra propia muerte.
Las mujeres, más previsoras
En el análisis de las estadísticas sobre el registro de las voluntades anticipadas llaman también la atención las diferencias que se dan por género. Casi el 62 por ciento de las 561.517 personas que habían hecho el trámite en enero de 2025 se identifican como mujeres. En la asociación Derecho a Morir Dignamente no sorprende el dato. El desequilibrio de género es parecido tanto entre las personas socias como entre las que se acercan a solicitar información.
Parece que conocer de cerca la carga de unos cuidados con importantes consecuencias sobre la economía y la salud de quien los asume puede inclinar la balanza hacia la planificación de la propia muerte. Cerca de la mitad de las personas con discapacidad indicaron recibir cuidados o asistencia personal en la última encuesta de Discapacidad, autonomía personal y situaciones de dependencia del Instituto Nacional de Estadística (INE). De ellas, el 49,7 por ciento dijeron ser atendidas durante ocho horas o más al día. El 63,7 por ciento de esos cuidados eran provistos por mujeres que, en el 41 por ciento de los casos, tenían entre 45 y 64 años.
Otro dato, también del INE: en el Estado español, las mujeres que viven solas con criaturas a su cargo superan en casi nueve veces a los hombres que viven solos en la misma situación. Tengo más: el 93 por ciento de las mujeres realizan tareas domésticas y de cuidado de niños y ancianos durante casi cinco horas al día. Entre los hombres, los que realizan estas tareas representan el 70 por ciento y emplean dos horas diarias, según la última encuesta de Empleo del Tiempo, de 2007. El INE volvió a recopilar datos sobre este asunto en 2023, y está previsto que se publiquen a lo largo de 2025. Toca esperar.
De momento, sabemos que, “en Europa, las responsabilidades asistenciales no remuneradas impiden a unos 7,7 millones de mujeres participar en el mercado laboral, frente a solo 450.000 hombres”, según un informe realizado en 2022 por la Comisión Europea para trazar la estrategia europea de cuidados. Esas cifras implican que, de las personas que no pueden acceder a un trabajo remunerado porque emplean su tiempo en cuidar a otras, casi el 95 por ciento son mujeres. El dato es especialmente relevante porque, entre otras cosas, cuidar empobrece. Según el mismo informe, el desequilibrio en la asunción de cuidados contribuye a la brecha de género en materia de empleo, que la Comisión coloca en 11 puntos porcentuales. La brecha salarial está en un 13 por ciento y la de las pensiones en un 29.
No parece que la tendencia haya variado mucho en los últimos años. Los datos disponibles sobre parejas heterosexuales son demoledores. Es más, ante un diagnóstico de cáncer o esclerosis múltiple en una pareja heterosexual, el riesgo de divorcio es seis veces mayor cuando la diagnosticada es la mujer, según un estudio publicado en 2009 por el Centro Nacional de Información Biotecnológica estadounidense. El estudio concluyó, de hecho, que “el sexo femenino era un fuerte factor predictivo del abandono de la pareja en pacientes con enfermedades médicas graves”. Detectaron por otro lado lo evidente: que cuando se producía el divorcio o la separación “la calidad de los cuidados y la calidad de vida se veían afectadas negativamente”. Con este panorama, como para delegar.
Siempre dentro de la ley
Las autoridades sanitarias son claras: el Documento de Voluntades Anticipadas “debe expresar sus instrucciones y límites referidos a las actuaciones médicas”. Aclaran, además, que en ningún caso se aplicarán las voluntades que vayan contra la ley. Es habitual que esto se explicite en las reuniones informativas con un ejemplo que recuerda que los derechos adquiridos no están garantizados: en caso de que la ley de regulación de la eutanasia, aprobada en el Estado español el 24 de marzo de 2021, sea derogada, da igual lo que ponga en tu DVA, no se aplicará. Del mismo modo, se pueden reflejar en el documento supuestos aún no contemplados en la normativa que se aplicarían en caso de que el día que toque sí estén recogidos en la legislación.
Nadie puede solicitar la eutanasia por otra persona. Además, la ley de regulación de la eutanasia exige que seas plenamente consciente para solicitarla. En los casos de demencia avanzada pierdes tu capacidad de decidir. Y aquí viene lo más interesante. Más allá de que puedas decidir y dejar por escrito en tu testamento vital cuestiones como si quieres morir en tu casa o que te trasladen al hospital, y qué tipo de tratamientos quieres que se te apliquen o no, puedes pedir una suerte de eutanasia anticipada. Más o menos. Este documento permite nombrar a una o varias personas como tus representantes para que soliciten la eutanasia por ti llegado el caso. Por ejemplo, si, como yo, tienes boletos varios para que te toque la lotería del alzhéimer, puedes dejar asignada la tarea burocrática de solicitar formalmente la eutanasia a quien tú quieras, cuando tu cuerpo llegue a una situación determinada, y que a ti no te parezca compatible con una vida digna. A quien tú quieras y acepte, claro, que tiene que firmar.
De entre las personas representantes, se puede elegir una como “principal”. Me alegró comprobar que no es obligatorio hacerlo y que, aunque el sistema tienda a favorecer la jerarquización de nuestros vínculos más estrechos, permite una salida a quienes pretendemos una mayor horizontalidad relacional. Os prometo que si vuestras representantes son de edades parecidas a la vuestra están graciosas las conversaciones sobre quién va a irse antes al otro barrio y por qué. Por cierto, el documento se puede modificar tantas veces como consideres.
Es bonito darse cuenta de que quien te quiere prefiere llegar a la meta antes que tú. Risas en común y lagrimillas en la intimidad. Y para esto no tengo estudio que lo refrende, pero me atrevo a decir que pensar en la muerte es importante, sobre todo, para decidir cómo y con quiénes atravesar esta vida que, tengámoslo presente, solo es una.
Artículo publicado en Pikara Magazine el 09-04-2025




