Recientemente, ha salido a la luz que la sanidad valenciana dejó sin citar a 90.000 mujeres que debían someterse a una mamografía en 2024. En la Comunidad de Madrid, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha comprado los tests más baratos y limitados de cinco posibles para un nuevo cribado de cáncer a mujeres de 25 a 65 años. En Cantabria, Izquierda Unida ha denunciado ante la Fiscalía los retrasos en el diagnóstico de las mamografías, donde alrededor de 4.000 mujeres están pendientes de resultados. En conversación con PúblicoJoan Carles March, experto en Salud Pública, contextualiza y analiza la gestión del seguimiento oncológico en las comunidades autónomas: “Según la Estrategia en Cáncer del Ministerio de Sanidad, los programas de cribado se implantaron en distintos años según la comunidad, la mayoría en los años 90, con diferentes grupos de edad objetivo. Las coberturas varían bastante: algunas comunidades alcanzan casi el 100% en el grupo tradicional de 50‑65 o 50‑69 años, mientras que otras tienen coberturas mucho menores“.

Para reducirlas, señala, el Ministerio de Sanidad está recopilando datos sobre cobertura, participación y seguimiento clínico, mientras varias comunidades planean ampliar la edad de cribado y homogeneizar protocolos. Se proponen las siguientes medidas: establecer estándares nacionales mínimos, mayor transparencia de datos, inversiones en zonas con menor cobertura, campañas de información dirigidas a colectivos con baja participación, incremento de personal y equipos especializados,  así como la coordinación interautonómica para uniformizar buenas prácticas según la evidencia y las recomendaciones europeas
Tras el gravísimo error en los programas de cribado de cáncer de mama en Andalucía, Ana Jiménez se pregunta: “¿Cómo vamos a volver a confiar en el sistema?”. Ella, confiesa al otro lado del teléfono, no lo haría. Es paciente del sistema público de salud y reconoce sus grietas. “Fui llorando porque no podía andar, me dijeron que era ansiedad, que me tomara algo para calmarme”, recuerda. Pero no se conformó. “Tuve que exigir una resonancia magnética porque sabía que aquello no era ansiedad. Sabía que lo que venía era un diagnóstico condenatorio“.

Basado en lo que ha vivido, Ana desgrana las fisuras de un sistema sanitario que, confirma, abandona a los pacientes oncológicos cuando más apoyo necesitan. “Tuve que solicitar el servicio de psicooncología porque nadie me lo ofreció”, recrimina. “Me daban cita cada dos meses. En mi caso, con una metástasis y dos niñas pequeñas, ¿cómo voy a esperar dos meses para poder hablar con alguien que me sostenga emocionalmente y me dé herramientas para afrontar esto?”, relata. Ante la falta de respuesta pública, terminó recurriendo a la sanidad privada. Echa en falta también equipos multidisciplinares reales que integren atención psicológica, nutrición, sexología y acompañamiento social. Y denuncia los retrasos en la financiación de tratamientos innovadores, que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte: “Cuando un medicamento se aprueba en Europa, en España puede tardar más de dos años en estar disponible. Mi esperanza de vida es de cinco. ¿Cómo voy a esperar dos años, si en cinco, se supone, me muero?“, se desahoga.

El pasado 13 de octubre se conmemoró el Día Mundial del Cáncer de Mama Metastásico y el 19 de octubre es el Día Internacional del Cáncer de Mama. Ana confiesa que no puede ni ver los lazos rosas. Tampoco tolera el marketing que rodea a esta enfermedad. “Estoy cansada. El cáncer no tiene por qué tener un color porque cada una lo vive de una manera. Pero si hay que descartar alguno, sería el rosa, por todo lo que implica socialmente”. Rechaza la narrativa edulcorada que a menudo se asocia al cáncer de mama. “No somos números. Somos madres, hermanas, parejas, amigas e hijas“. Recuerda el momento en el que comunicó a su entorno su diagnóstico: “Me dio un ataque de ansiedad y una compañera del trabajo me dijo: ‘Mujer, no llores, que de cáncer de mama hoy no se muere nadie, es el bueno'”. “¿El bueno? ¿Hay algún cáncer bueno?”, pensó ella.

Inversión, investigación y dignidad frente al cáncer

“La prevención no puede limitarse a decirnos que llevemos una vida sana o que nos toquemos el pecho“, achacan las mujeres afectadas. Entre sus reivindicaciones figuran una inversión pública sostenida en investigación, laboratorios transparentes, la creación de una farmacéutica pública y políticas presupuestarias que prioricen el desarrollo de tratamientos innovadores capaces de mejorar tanto la esperanza como la calidad de vida. También piden unidades multidisciplinares que integren fisioterapia, nutrición, atención ginecológica especializada, sexología y apoyo psicológico gratuito y estable

Exigen centros de referencia distribuidos por todo el país, con protocolos de actuación unificados y una ratio profesional/paciente digna. Las pacientes suscriben, además, que el cáncer no puede seguir tratándose como una enfermedad de corto recorrido. Exigen una reforma laboral y administrativa que contemple su realidad: incorporaciones progresivas al trabajo, flexibilidad horaria y criterios de incapacidad coherentes en todo el territorio. Piden, en definitiva, una coordinación real entre sanidad, servicios sociales y sistema laboral que les permita vivir —y no solo sobrevivir— con dignidad.

La lucha real del cáncer de mama sale a la calle

“El cáncer de mama no puede seguir tratándose como un problema individual, sino como una cuestión de salud pública“, sostienen. Piden a los responsables políticos un compromiso real con la investigación, la prevención y la atención integral a las pacientes, y exigen a las empresas que dejen de lucrarse con la enfermedad. “Se benefician de la imagen rosa mientras nosotras seguimos atrapadas en listas de espera, sin recursos y con tratamientos inaccesibles”. “El cáncer no espera. Y tampoco puede camuflarse. El silencio no protege; el silencio duele, angustia, y a veces mata”.

Artículo publicado en Público el 18-10-2025