Aunque las medidas anunciadas son inéditas, y con ellas España pretende situarse a la vanguardia de Europa en sus declaraciones y acciones contra el genocidio, son insuficientes. Tienen algunos flecos y ambigüedades que el Gobierno deberá afinar y corregir cuanto antes para que todo esto no se quede en un paripé, y de verdad contribuya, en la medida de lo posible, a parar el reguero de sangre que Israel está dejando a la vista de todos.

Hoy, el Gobierno español debe dar un paso al respecto y rechazar de una vez esta definición de antisemitismo, que no solo lo autoinculpa, sino que está sirviendo para perseguir y sancionar las voces críticas con el genocidio, a través de sus operadores jurídicos y sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y es la definición que usa el autodenominado Observatorio de Antisemitismo, una iniciativa de la Federación de Comunidades Judías de España y el Movimiento contra la Intolerancia, para decir que el antisemitismo ‘ha crecido en España’, incluyendo en su informe pintadas por la libertad de Palestina, críticas con Israel, comparaciones de la limpieza étnica de Israel con el régimen nazi o cualquier otra discrepancia o crítica al sionismo. Un informe que algunos medios dan por veraz, y que el ministro del Interior y otros miembros del Gobierno reciben y no cuestionan.
Por mucho que detengan a activistas, que sancionen acusados de antisemitismo a quienes critiquen a Israel y por mucho dinero que inviertan en publicidad, en desinformación y en propagandistas, la batalla por el relato ya la perdieron hace tiempo. Ahora toca presionar todavía más a este gobierno para que dé pasos más firmes en el aislamiento del régimen israelí y que corte todo lazo y toda financiación a quienes sirven de propagandistas y blanqueadores del genocidio.
Artículo publicado en Público el 09-09-2025