“Somos menos famosas que el movimiento de la juventud por el clima”, dice una mujer con el pelo corto y blanco que mira fijamente a la cámara. “¡Conocemos los sofocos!”, añade otra compañera. “Juntas podemos hacer historia”, afirman varias mujeres en el vídeo. Su mensaje es claro: la crisis climática no es un problema del futuro, “ya está aquí” y a ellas les afecta de manera “específica”. Y ese convencimiento las llevó a sentar a su país ante el máximo tribunal de derechos humanos de Europa.

Este martes, el Tribunal de Estrasburgo les ha dado la razón y ha concluido que Suiza ha violado los derechos humanos de su ciudadanía al no hacer lo suficiente para combatir el cambio climático. Esta sentencia pionera, que abre una vía innovadora y se cree que puede sentar un precedente para futuras demandas sobre el clima, tiene el rostro de una mujer mayor de 64 años. De muchas. Se llaman Rosmarie, Anne, Pia, Rita, Oda, Jutta, Elisabeth, Norma, Stefanie… y forman parte de KlimaSeniorinnen (algo así como mayores por el clima), una asociación formada por 2.500 mujeres en edad de jubilación de toda Suiza que se han unido a la lucha global contra la inacción climática.

Tras ocho años de lucha contra la política climática suiza, han logrado que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) condene por primera vez a un Estado por no tomar medidas contra el cambio climático. Después de estudiar la sentencia a su favor, las activistas descendían la gran escalinata del tribunal sonrientes, ataviadas con pañuelos morados y azules, entre aplausos. “Este fallo no es solo una victoria para nosotras, las mayores por el clima. Nuestra victoria es una victoria para todas las generaciones”, ha dicho Rosmarie Wydler-Wälti, copresidenta de KlimaSeniorinnen.

Otra de las integrantes de la asociación, Elisabeth Stern, de 76 años, ha contado a la BBC que creció en una granja y ha sido testigo de cómo ha cambiado el clima en Suiza desde que era niña. “Estadísticamente sabemos que dentro de 10 años habremos desaparecido. Así que lo que hagamos ahora no lo hacemos por nosotras, sino por el bien de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos”, ha dicho.

Cuando la cadena británica le preguntó por su implicación en el caso, Stern respondió: “Algunos estamos hechas para eso. No estamos hechas para sentarnos en una mecedora y tejer”. El grupo, en el que hay mujeres con una larga trayectoria en el sector del medioambiente como Stern, desafía los estereotipos y enarbolan el poder de la experiencia.

La asociación de mujeres afectadas por el cambio climático echó a andar en agosto de 2016, con alrededor de 150 personas, y fueron creciendo, según explican en su página web. La media de edad actual es de 73 años. Las activistas denuncian, desde la defensa del derecho a la vida y a la salud, que su país aplica una política climática inadecuada e insuficiente respecto al objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC. “Nuestro Gobierno no ha tomado las medidas suficientes que serían necesarias ante la urgencia del cambio climático y está poniendo así en peligro la salud de la población, especialmente la de nosotras, las mujeres mayores”, dice Anne Mahrer, copresidenta. Además de litigar en los tribunales, comparten su experiencia en charlas y conferencias y acuden a manifestaciones.

La organización, que está formada solo por mujeres, hace especial hincapié en el efecto de las olas de calor. “Las mujeres mayores sufrimos especialmente las consecuencias del calentamiento global. El cambio climático, con sus olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, pone en peligro la vida de las personas mayores, especialmente las mujeres”, dice la asociación. “Esto lo experimentamos personalmente y lo confirman numerosos estudios y cifras federales. Durante las olas de calor, tenemos un riesgo significativamente mayor de muerte y deterioro de la salud en comparación con la población general”.

Una larga batalla legal

El recorrido hasta llegar a Estrasburgo ha sido largo. En 2016, la asociación acusó a las autoridades suizas de aplicar una política climática inadecuada y pedir medidas para cumplir el objetivo fijado por el Acuerdo de París. El Tribunal Administrativo Federal y, posteriormente, el Tribunal Supremo Federal, máxima autoridad jurídica del país, desestimaron los recursos, el último de ellos al considerar que las demandantes no se habían visto afectadas de forma suficiente y directa por los incumplimientos que alegaban.

En noviembre de 2020, con el apoyo de Greenpeace Suiza, recurrieron al TEDH, que aceptó el caso. El hecho de que el tribunal celebrara en marzo de 2023, por primera vez en su historia, una audiencia pública sobre un caso sobre cambio climático despertó esperanzas, pero pocas podían imaginar una sentencia como la de este martes, en la que los jueces concluyen que Suiza ha violado sus obligaciones en virtud del Convenio Europea de Derechos Humanos, en concreto, el derecho a un proceso judicial justo y el derecho al respeto a la vida privada y familiar, el artículo 8, que a juicio de la Corte engloba el “derecho de las personas a una protección eficaz por parte de las autoridades estatales frente a los graves efectos adversos del cambio climático en sus vidas, su salud, su bienestar y su calidad de vida”.

“Después de que los tribunales suizos no nos escucharan, el TEDH lo ha confirmado: la protección del clima es un derecho humano”, ha dicho Anne Mahrer. “Estoy abrumada y muy orgullosa de que después de años de intenso trabajo, las personas mayores finalmente hayan logrado sus derechos. Es un momento indescriptible”, ha señalado Cordelia Bähr, abogada de KlimaSeniorinnen. “No se puede subestimar la importancia de esta decisión. Será de gran importancia para futuras demandas climáticas contra Estados y empresas de todo el mundo y aumentará sus posibilidades de éxito”. Otra abogada de la asociación, Ursula Brunner, falleció en 2019.

El fallo de este martes ha sido interpretado como un rayo de esperanza, ya que el TEDH ha tumbado otras dos demandas relacionadas con el cambio climático, una del que fue alcalde ecologista de la localidad francesa de Grande Synthe, que reclamó a su país una reducción de las emisiones de CO2 para evitar la subida del nivel del mar, y otra más mediática, presentada por seis jóvenes portuguesas contra 32 países europeos, entre ellos España, a los que reprochaban su responsabilidad en el calentamiento global y en las consecuencias para sus vidas. “La presencia de los jóvenes en la sala mostró a los jueces la cara de los derechos humanos del futuro”, ha dicho Rosmarie Wydler-Wälti.

Una de las demandantes de ese caso era Sofia Oliveira, de 19 años. “Realmente esperaba que ganáramos contra todos los países, así que obviamente estoy muy decepcionada de que no haya sido así”, ha dicho tras la decisión del tribunal. “Pero lo más importante es que el tribunal ha dicho en el caso de las mujeres suizas que los gobiernos deben reducir más sus emisiones para proteger los derechos humanos. Así que creo que su victoria es también una victoria para nosotros y para todos”. En la misma línea, Ruth Delbaere, directora de campañas legales de la organización Avaaz, ha asegurado que estas “heroicas mujeres de la tercera edad” han abierto “un nuevo capítulo en los litigios climáticos, demostrando cómo los ciudadanos de a pie pueden obligar a los gobiernos reticentes a tomar medidas climáticas”.

Artículo publicado el 9 de abril en El Diario.es