Decirle adiós a la política es renunciar, perder y renunciar a otra cosa que no sea seguir perdiendo: es, también, rendirle pleitesía a la inercia. Y para gobernar hacen falta voluntades capaces de ir mucho más allá de la inercia.

Mucho se está hablando estos días de la ley de secretos oficiales. En general, toda ley de secretos oficiales propone ocultar a los votantes lo que hace tras las cortinas su presunta democracia

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