Iván Espinosa de los Monteros está sirviendo de justificación para bajarse del barco de Vox a todos aquellos pseudointelectuales y periodistas que llevan años normalizando al partido posfascista

Me duele España porque no sé qué nos pasa. Me duele por no entender qué especie de cortocircuito trumpiano nos nubla la vista y el horizonte. Un horizonte que, de la noche a la mañana, ha amanecido oscuro. Negro. Sin color. Sin luz. Sólo ese gris plomizo de la tiniebla y el miedo de la caverna.

“Hacer como que no pasa nada y apartar la mirada es de una irresponsabilidad tremenda y se lleva haciendo años. Antes eran palabras homófobas escritas en la pizarra. Hoy son voces que quieren cantar el cara al sol o repiten bulos en voz alta, a veces a gritos”, escribe Noelia Isidoro.

El mal, nos dice Hannah Arendt, se alimenta y crece en ocasiones por una tolerancia mal entendida de las democracias parlamentarias, que a veces no se toman en serio a ciertos actores peligrosos

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