No son ni las nueve de la mañana en València y el traqueteo de las ruedas de las maletas sobre los adoquines ya funciona como despertador. Este penetrante ruido parece alterar a una horda de ciclistas sobre bicicletas de alquiler que se dirige al cauce del río Turia. Avanzan sin criterio ni cuidado alguno, dejando por el camino una estela de vecinos enfadados tras ellos. Esta escena es más que habitual en muchos barrios de València tales como el Carmen, Ruzafa y hasta el Cabanyal, todos ellos, y otros tantos, están viviendo en sus propias calles las consecuencias del turismo de masas que -por falta de regularización- está empezando a parecer “más bien una invasión”

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