El bombardeo del colegio primario Shajareh Tayyebeh en Minab, sur de Irán, durante el ataque estadounidense-israelí del 28 de febrero de 2026, no solo es un dato militar trágico, sino una herida humana profunda que humaniza el coste de esta guerra.

Con la palabra siempre templada y dispuesta al diálogo, Adela Cortina (Valencia, 1947) construye espacios de entendimiento en territorios donde la cooperación se hace necesaria, aunque los últimos acontecimientos y sus reacciones –como la guerra en Ucrania, la polarización política o el auge de los populismos– se empeñen en dinamitarla. Cortina ha analizado los grandes temas que han marcado las últimas décadas –ella es quien acuñó el término aporofobia, el rechazo al pobre– sin renunciar a encontrar una vía ética para enfrentarse a ellos. Como se desprende de su conversación con Ethic, construir una sociedad más justa es posible.

El relato, la épica, la lógica de la guerra refuerzan el orden patriarcal dominante. Las guerras profundizan en la desigualdad (de género, clase y raza) y nos envuelven en el mito nacionalista-militarista

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