El otro día, en twitter, un homínido justificaba las violaciones cargando la responsabilidad sobre la víctima, todo un clásico del patriarcado desde que los monos se bajaron de los árboles.

Opinar por opinar, o como decimos en valenciano parlar per parlar, es lo que se lleva. Si tuviésemos que utilizar otra expresión popular para definir esto lo concluiríamos con que «la ignorància és la mare de l’atreviment».

La monja togolesa Makamtine Lembo basa su investigación en el relato de nueve religiosas violadas por sacerdotes en países del África subsahariana. “Las monjas se sentían atrapadas y no podían escapar”, sostiene Lembo, que destaca entre las causas de la violencia el desequilibrio de poder entre monjas y sacerdotes.Las mujeres –mayoría en la Iglesia– quedan relegadas al servicio del sacerdote u obispo del lugar: “son criadas y, en casos extremos, esclavas sexuales”

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